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La ficción de la no ficción | Arnaldo Jiménez.



Desde hace varios años me ha causado curiosidad cierta tendencia, en literatura, a querer presentar textos que mantengan una correspondencia de fidelidad con el llamado referente real, llámese historia, biografía… Yo no soy ningún experto en lingüística ni en literatura, y mis opiniones pueden ser rebatidas y negadas; asumo el riesgo, pues entiendo que el tema sí tiene un sinfín de especialistas que de seguro lo dominan mucho mejor que yo.

La novela categorizada dentro de la “no ficción” es una de esas tendencias que procuran narrar desde hechos que pueden ser verificados, se pueden presentar pruebas y procedimientos judiciales, récipes médicos, fotos, electrocardiogramas, imagino que hay testigos también, no lo sé con precisión.

Todo ello me ofrece muchas dudas: narrar desde hechos reales, ¿qué significa eso? ¿Una carencia absoluta de sesgo en lo vivido? ¿La percepción única de los sucesos? ¿El autor o la autora poseen un filtro que deja afuera la distorsión, sus propios miedos, su posición de clase social? ¿De cuántos otros mecanismos se vale el escritor o la escritora para rechazar la ficción? ¿Todas las palabras fueron usadas con exactitud?


Recuerdo a Nietzsche y su célebre afirmación, algo así como que los hechos no existen, solo las interpretaciones de los mismos. También a los guaraníes que entendían al lenguaje como un órgano más del cuerpo, no sé por qué digo esto, creo que quiero lucirme. Lo cierto es que todo el berenjenal filosófico y psicológico que ha existido y existe, se basa en la imposibilidad de conocernos, en la imposibilidad de lo objetivo.

Por eso surgió el método cualitativo de investigación que dijo, eh, ya va, el sujeto que conoce está limitado y determinado, no se puede mutilar las condiciones de vida para luego investigar, todo conocimiento y, por tanto, toda verdad, es subjetiva y no puede no serlo. Pero lo subjetivo no debe equipararse a falso.

Intento decir que desde el instante en que los hechos pasan al registro escrito, entran al universo de la ficción. El ser humano tiene una base para acumular el tiempo: se desconoce, desde esta oscuridad se busca y procura una identidad; sin embargo, gran parte de lo que llegamos a encontrar de nosotros es ilusión, creencia, casi todo corresponde a un juicio que parte desde una percepción parcial de lo que se vive.

Si los hijos les dijeran a los padres lo que piensan de ellos, estos se sorprenderían y dirían, pero yo no soy así. Es una expresión muy usada también en los divorcios que surgen después de muchos años de convivencia. Los ideales reinan en una armonía que se va desgajando en la medida en que los primeros se van llenando de verdades.

El ser humano, según el psicoanálisis freudiano y lacaniano, es una impostura, el yo es un síntoma que nunca te va a transmitir la verdad de tus emociones; el yo que crees tan tuyo, es otro, y este no accede a tu conciencia, está oculto y suele hablar de otra manera. Desde Jung, habría que considerar cuáles de todos los arquetipos que nos conforman están en juego en el momento de escribir; pero sigue siendo un aspecto inalcanzable, porque estos arquetipos nos poseen y no somos conscientes de ello.

Crearme a mí mismo en tanto que personaje literario, por más verdades de mi vida que exponga, no me salva de la ficción, sería una modalidad de la misma, una de sus ramas o desvíos. El uso de un lenguaje sin adornos, directo, sin coqueteo con lo poético, tampoco  es una ecuación infalible que da como resultado la no ficción. El lenguaje funciona por desplazamiento, lo que debe aparecer en un lugar se desplaza y aparece en otro, un tipo de alienación que le es íntima y es lo que le permite permutar, robustecerse y sobrevivir.

En mis libros de cuentos basados en la dinámica de la oralidad, yo transcribí en muchos de esos cuentos diálogos que escuché en las calles; pero no por ello1 dejan de ser textos de ficción, ya que, de un universo de hablantes, yo escogí dos y, además, fragmenté la historia, y en ello hay una intención mía como autor. En el fondo todos vamos a escribir en torno a la búsqueda del amor, lo inesperado, la traición, la lealtad y los tropezones con la muerte, el sitio donde toda ficción brota

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